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miércoles, 6 de mayo de 2015

UNA COMIDA EN FAMILIA - CAPITULO 17



UNA COMIDA  EN FAMILIA
17
-          ¿Seguro que no es ésta salida? – dijo Enara nerviosa mirando el GPS del coche de Robert.
-          Que no Enara – dijo Mikel poniendo los ojos en blanco – no ves que vas a poner nervioso a Robert.
San Juan de Luz, o Donibane Loitzune como lo había conocido Enara siempre, era una ciudad que pertenecía Iparralde, a la parte vasco francesa. De niña solía ir muchas veces con sus padres porque era muy turístico y tenía una playa preciosa, solían aprovechar las idas y venidas a Las Landas para parar a comer allí y de paso darse un baño. Nunca pensó que volvería para visitar una feria de patchwork en la que se expusiera un quilt suyo, era de locos.

-          Es una pena que no ganaras Enara – dijo Helena desde el asiento del copiloto.
-          Helena, ¿quieres dejar ya ese asunto? De verdad que estoy bien, si hubiera ganado el concurso hubiera puesto en duda su seriedad. ¡Los quilts que han ganado son increíbles! – dijo Enara sonriendo.
En el coche iban Robert, Helena, Mikel y Enara. Paul había decidido no ir, después de las jornadas maratonianas de doce horas que se estaban pegando el camping de Vieux Boucau poniendo los toldos había decidido quedarse para hacer algo de skate durante esos dos días libres que se habían tomado.
La feria había empezado el jueves, duraba cuatro días pero ellos decidieron ir el sábado, cerraron el restaurante para la ocasión. Semanas antes Enara había tenido que enviar el quilt por correo, estuvo tentada en ir ella misma a llevarlo en mano para que no sufriera ningún desperfecto por el camino, pero Helena le dijo que no se preocupara, lo enviarían como “frágil” y los de La Poste tendrían cuidado. Después de esperar varios días por fin publicaron los nombre de las ganadoras en la página web y cuando Enara vio que no era una de ellas no pudo evitar sentir una pequeña decepción.  Pasado un momento decidió ver el lado positivo, era su primera vez, todavía tenía mucho que aprender y bastante había hecho, se sentía muy orgullosa de sí misma.
Ahora por fin iban en camino para volverse a encontrar con su quilt, lo vería rodeado de otros quilts considerados obras de arte, como uno más. Para colmo, ese primer fin de semana junio coincidía con  la visita de sus padres, habían quedado allí aquella mañana, la tía Luisa también iba con ellos, era todo tan emocionante que Enara no pudo dormir en toda  la noche.
-          ¡Mirar, allí hay un cartel anunciando la feria! – grito Enara señalando con el dedo.
Les costó aparcar porque había muchísima gente, sobre todo señoras de mediana edad, todas iban preparadas con su bolsa (casi siempre hecho por ellas) para guardar cómodamente todo lo que se compraran en la feria. Como había varios recintos quedaron con los padres de Enara en el que albergara la exposición del concurso, lo primero que querían ver era eso. Enara iba agarrada de la mano de Mikel, se sujetaba fuertemente como buscando un apoyo en ese momento tan importante para ella, no sabía lo que se iba a encontrar.
Entraron con los tickets que les habían enviado desde la asociación. Se encontraron con una inmensa sala llena de paneles de madera de las que colgaban un montón de quilts. Buscaron rápidamente con la mirada, todos tenían motivos florales, con muchos colores, algunos tenían relieves, otros estaban hechos con mosaicos y otros eran tan abstractos que costaba identificar la figura. Los había grandes, medianos, redondos... estaba claro que todo servía con tal de que estuviera hecho con trozos de tela e hilo. 

De pronto escucharon que alguien les llamaba:
-          ¡Enara, Mikel, estamos aquí! – era Elisa la madre de Enara, les saludaba con la mano desde el otro lado de la sala.
-          Vamos corriendo - les dijo Enara a los tres.
Cuando por fin llegaron a su lado Enara besó a su tía, después a su madre y cuando se giró hacia su padre justo a su lado vio su quilt, ocupando todo un panel. A su derecha había un letrero como los que ponen en los museos junto a las obras de arte:
Título: “Spring Flowers”
Autora: Enara García Lasa
-          Hija mía, cuando lo he visto me he emocionado, las fotos que me habías enviado no le hacen justicia, estoy tan orgullosa de ti – dijo Elisa emocionada.
-          Si llego a saber que Las Landas iba a hacer esto contigo os hubiera ofrecido mi casa mucho antes, cariño – dijo la tía Luisa irónicamente.
-          Gracias a las dos, de verdad que todavía me cuesta verme como la autora de esto – dijo señalando el quilt -  es mejor de lo que me esperaba, es increíble.
Su padre la abrazó cuando vio que iba a llorar, nunca le había gustado verla llorar, sobre todo porque sabía que automáticamente él terminaría llorando.
Se quedaron un rato allí, sacando fotos y deleitándose con el momento. De vez en cuanto un grupo de mujeres se acercaban a ver el quilt y solo se escuchaban comentarios positivos alabando el trabajo.
“Un diseño clásico pero original”, “Me encanta cómo ha integrado las lanas con las telas”, “El acolchado minucioso, en algunos bloques la distancia entre las líneas en pequeñísima, y ha sabido utilizar el estilo libre sin que pareciera un caos”.
Enara se sentía la mujer más afortunada del mundo en ese momento.
Después de visitar toda la feria y de hacer algunas compras decidieron que era hora de marcharse, la tía Luisa estaba cansada y ya poco había por ver allí.
-          Antes de irnos tengo que preguntar cuál es la forma en la que me van a devolver el quilt – dijo Enara preocupada.
-          Podemos preguntárselo a las señoras que están en la entrada – dijo Mikel.
Las dos señoras de la entrada tenían unos 60 años, cuando entraron les habían saludado amablemente y parecían agradables.
-          Bonjour, soy Enara García, uno de los quilt del concurso es mío y me gustaría saber cómo me lo devolverán cuando termine la feria – les preguntó educadamente.
-           ¿Enara García?, espere que creo que tengo una nota por aquí para usted – dijo la señora de pelo corto mientras miraba entre unos papeles – Sí, efectivamente, la editora jefe de la revista “Quilting your Life” quiere hablar con usted, está dentro de la editorial Handmade, se llama Emma Johnson. En cuanto al quilt no se preocupe, se la enviaremos a su casa, le llegará sin un rasguño.
Enara había dejado de escucharla desde que le había hablado de esa editora, ¿una editora? ¿Para qué?
-          ¿Y dónde podemos encontrar a la señora Johnson? – dijo Mikel ayudando a Enara que se había quedado bloqueada.
-          Tienen un stand de la editorial en la feria, pueden preguntar allí mismo por ella.
Sin decir nada a sus familiares y amigos por no perder tiempo Enara y Mikel corrieron hacia los Stands de la feria.
-          ¡Me encanta “Quilting your Life”! Es una de las revistas que más me gusta de las que tiene Helena. Publican muchas colchas con aplicaciones, son muy de estilo country, ¡son muy de mi estilo! – dijo Enara mientras andaba a paso ligero de la mano de Mikel, se estaba quedando sin respiración.
Había una zona de editoriales en las que se podían comprar todo tipo de revistas y libros. En una de ellas por fin pudieron leer Handmade, se acercaron, Enara respiró hondo y preguntó:
-          La señora Emma Johnson por favor – dijo Enara amablemente y manteniendo la compostura lo más naturalmente que pudo.
-          Sí, soy yo, ¿en qué puedo ayudarle? – dijo sonriente en un inglés de lo más británico.
Tendría unos 40 años, se notaba que era británica, delgada, muy maquillada y con la melena larga en tonos caoba. Llevaba una falda de tubo y una chaqueta a juego, parecía una ejecutiva, nada que ver con el resto de señoras que había por allí.
-          Soy Enara García, me han comentado que quiere hablar conmigo.
-          ¡Sí, por supuesto, Enara! – dijo saliendo del stand para poder hablar con ella más de cerca – me llamo Emma Johnson encantada de conocerle.
Enara pensó que le daría la mano pero la sorprendió con un beso en cada mejilla.
-          Le presento a mi novio, Mikel Aperribay – dijo Enara, y automáticamente la señora Johnson lo besó a él también.
-          ¿Tiene un ratito para que hablemos tranquilamente?, tengo una oferta que hacerle señorita García.
-          Por supuesto señora Johnson.
-          Llámame Emma cariño – le dijo mientras se dirigían a un reservado.
Mikel se quedó fuera, prefirió dejarla en ese momento y así podría avisar al resto para que no se preocuparan.
Pasó una hora y Enara seguía sin dar señales de vida, estaban todos nerviosos esperando en la puerta de la feria a que saliera. Sobre todo Helena que todavía no se creía que la editora jefe de “Quilting your Life” estuviera hablando con Enara en ese momento, ¡era de locos!
Justo cuando Mikel la iba a llamar ya preocupado salió por la puerta. La sonrisa no le cabía en los labios, era como si le hubiera tocado la lotería,  le hicieron señales con las manos para que los viera y en cuanto fijó la mirada en ellos corrió como una niña para abrazarlos. La miraban expectantes, esperando noticias.
-          Me ha ofrecido un contrato de un año con ellos. La idea es que diseñe un bloque cada mes, y ese bloque se publicará en la revista. Le he contado cómo vivimos en Las Landas y le ha parecido que dará mucho juego, quiere que aparte de los bloques hable de mi vida allí, de lo que ha supuesto el patchwork para mí– Enara no podía seguir le faltaba el aire.
-           ¿Quieres decir que te van a pagar por coser? – dijo Mikel.
Hacía mucho tiempo que Enara no dejaba de sorprender a Mikel, pero esto ya era de locos, se sentía orgullosísimo de ella.
-          No me voy a hacer rica, pero sí, me van a pagar un sueldito todos los meses. Parece que les ha encantado mi quilt, por su sencillez, porque lo puede hacer cualquiera pero sin dejar de ser bonito y original. Según ella hay muchas aficionadas que no tienen tiempo para dedicarle su vida al patchwork y quieren dirigir esta sección de la revista a todas estas jóvenes principiantes – Enara miró a Helena al terminar esperando una reacción pero esta no podía ni parpadear.
-          Lo sabía, te lo dije Enara, tienes un don, has nacido para esto y ellos también lo han visto. Este solo es otro paso más, después de esto te harás muy conocida y cualquier patrón que lleve tu firma valdrá muchísimo dinero – dijo Helena reaccionando por fin,  se sentía más que orgullosa de su amiga.
Quedaron en firmar el contrato y hablar de los detalles el lunes antes de que la señora Johnson se marchara a Londres nuevamente. La revista era inglesa y se publicaba allí, pero podrían trabajar tranquilamente vía email, tenían un fotógrafo contratado que iría a casa de Enara a sacar fotos al bloque y a ella misma una vez al mes.
Pasaron todo el viaje de vuelta en coche comentando cada palabra que había hablado con aquella señora, Helena no quería perderse nada.
Al día siguiente los padres de Enara junto con la tía Luisa por fin visitaron la casa. Habían reservado un hotel de Capbreton y la tía Luisa estaba tan cansada de la feria y de tanta emoción que decidieron no pasar por Saubion el sábado.
Enara la ayudó a bajar del coche junto con Elisa, ellas la sujetaban de los brazos, pero Luisa no podía apartar la vista de la casa. Por un momento sufrió una regresión, cerró los ojos y le pareció escuchar a su hijo de ocho años saliendo por la puerta y corriendo hacia ella, cuando abrió los ojos la emoción era demasiado grande sintió que se mareaba, se dejó llevar.
-          ¡Tía Luisa! – le grito Enara.
Con la ayuda de Juan Mari, el padre de Enara, y Mikel pudieron ayudarla a entrar dentro, la sentaron en la terraza y Enara le daba aire con un abanico. Poco a poco Luisa fue abriendo los ojos, despacio y se quedó mirando a Enara:
-          Ese abanico es mío – le dijo.
-          Sí, bueno, estaba en la casa, yo realmente no lo necesito, te lo puedes llevar si quieres – dijo Enara sin saber muy bien cuál era la causa de ese comentario.
-          No me hace falta, quédatelo, gracias a dios en Arrasate no hace tanto calor.
Consiguió incorporarse y miró a su alrededor. Miró atentamente la terraza, miró hacia arriba para confirmar cómo efectivamente se podía ver el cielo con ese toldo que ahora mismo estaba recogido, miró el jardín, las flores, el roble. Se puso de pie y con la ayuda de Elisa anduvo hasta el neumático que hacía de columpio. Lo tocó y volvió a cerrar los ojos.
Podía ver a Inaxio atando las cuerdas mientras Iñaki correteaba emocionado a su alrededor impaciente. Ella salía con un plato lleno de fruta y un poco de queso, era hora de merendar. Iñaki protestó, no quería merendar hasta que el columpio estuviera terminado, a lo que ella accedió con tal de que después se comiera toda la fruta. Cuando por fin lo terminó Inaxio subió a Mikel y este se columpiaba sonriente, feliz. De pronto pudo sentir las manos de Inaxio agarrándola de la cintura, por un momento creyó estar con ellos otra vez.
-          ¡Tía Luisa! – era Enara otra vez con el abanico.
-          ¡Me podéis dejar tranquila un rato!, traerme una silla y dejarme aquí sentada al lado del árbol por favor– dijo Luisa casi como si les diera una orden.
Entre Elisa y Enara prepararon una gran mesa para todos los invitados que esperaban para comer. Enara y Mikel habían decidido que era un día ideal para inaugurar la casa rehabilitada y disfrutar de su felicidad con sus seres queridos. Iban a  hacer una gran barbacoa, ensaladas, quesos y tartas de la Boulangerie, todo un lujo.
Las tartas las traían Helena y Robert, Anaïs había puesto doble ración de fresas especialmente para Enara, para felicitarla por su nuevo proyecto con la revista. Chantal traía el vino, uno de sus hijos tenía participaciones en una bodega de Burdeos, era un vino exquisito. Del queso se ocupaba Lili que sabía perfectamente dónde vendían el mejor. Y por último la carne lo habían comprado los padres de Enara junto con la tía Luisa en Capbreton la tarde anterior.
Mikel se dirigió al frigorífico para ir haciendo las ensaladas, pero se quedó petrificado al ver que no había ni lechugas, ni tomates, ni cebollas, ni pepinos. Habían quedado en hacer una ensalada típica de la huerta vasca y no había ningún ingrediente.
-          ¡Enara! ¿Quién se ocupaba de la ensalada? – dijo asomado a la terraza.
-          Nosotros- dijo una voz de lo más familiar para Mikel, una voz ronca, que venía de la puerta de la calle que estaba abierta.
Se dio la vuelta y allí estaban plantados los dos, su madre y su padre con dos enormes bolsas en casa mano.
-          Hola Mikel – le dijo su madre – la casa está preciosa.
-          Hola ama, y aita –dijo sorprendido.
Enara corrió a su encuentro para intentar ayudar en un momento tan tenso.
-          Les he invitado Mikel, ya sé que vuestra relación no pasa uno de los mejores momento, pero creo que se merecen estar aquí, ellos también son de nuestra familia – dijo Enara buscando un gesto más dulce en la expresión de Mikel.
-          Hemos traído lechugas y pepinos de la huerta, los tomates son de la tienda, ya sabes que tardan en salir – dijo el padre de Mikel, lo de disculparse y abrazarse no era su estilo, él prefería arreglar así las cosas.
-          Seguro que no están tan ricos como los de la huerta, pero haremos un esfuerzo – dijo Mikel siguiéndole el juego y sonriendo por fin.
Mikel les ayudó con las bolsas y entre los tres prepararon las ensaladas. Mientras cortaban los tomates el padre de Mikel se interesó por la obra, Mikel le fue dando todo tipo de detalles y éste afirmaba con la cabeza dando su aprobación.
-          ¿Me he enterado de que has inventado algo? – le preguntó señalando el toldo.
-          Sí, ven que te lo explico – Mikel estaba emocionado, como un niño enseñando un sobresaliente a su padre.
Enara los miraba de lejos junto a la madre de Mikel.
-          Gracias por convencerlo – le dijo Enara.
-          Gracias a ti por llamarme, era el empujón que me hacía falta para presionarlo un poco, es más terco que una mula, ya sabes cómo son estos Aperribay.
-          A mí me lo vas a decir – dijo Enara poniendo los ojos en blanco.
Las dos se empezaron a reír a carcajadas mirándolos mientras hablaban de rieles y de telas impermeables.
Poco después estaban todos sentados en la mesa, doce personas celebrando una nueva vida que empezaba para Mikel y Enara. Casi un año había pasado de la desesperación, de la falta de esperanza, casi un año de aquel día en el que habían estado a punto de echar la toalla.
-          Enara ven, tengo una cosa que enseñarte – le dijo Mikel mientras los invitados tomaban el postre.
La llevó a la habitación. Encima de la cama estaba el portátil y en el portátil había un correo electrónico abierto en el que a Enara le pareció leer que un piso de Durango ya estaba vendido.
-          ¿Qué es esto Mikel? – dijo extrañada.
-          Lo he vendido Enara, era mi última vinculación con mi vida anterior. No he conseguido hacer muy buen negocio pero no me importa, he conseguido un pequeño colchón para que vivamos tranquilos y podamos seguir adelante con nuestros sueños. No quiero más ataduras absurdas.
Había llamado a un amigo que tenía una inmobiliaria en Durango, le dijo que no era dinero lo que buscaba, se conformaba con poder quitarse la hipoteca de encima y poco más. Finalmente su amigo había conseguido venderlo a un precio digno teniendo en cuenta todo lo que habían bajado los precios de los pisos en Euskal Herria.
-          ¿Y qué vamos a hacer a partir de ahora? la casa ya está terminada y el contrato con mi tía termina el mes que viene – dijo Enara un poco asustada.
-          Tú tía nos ha ofrecido un alquiler muy bajo a cambio de mantener la casa, pero eso lo tenemos que decidir nosotros Enara, los dos juntos, quiero que todo lo que haga en la vida sea junto a ti – le dijo Mikel agarrándola de las manos – no sé qué novedades nos deparará la vida, pero estoy seguro de lo que no quiero que cambie.
Enara se quedó unos segundos pensativa, como reflexionando sobre lo que le decía Mikel.
Creo que ya entiendo lo que quieres decir. Dónde y cómo no es lo importante, simplemente dónde estemos nosotros estará nuestro hogar, ¿verdad? – dijo Enara 

FIN 

Y esto es todo amigas. Ha sido una experiencia única y os agradezco cada visita y/o comentario. Lo que sí os pediría es que en esta última entrada me dejarais un comentario de lo que os ha parecido la historia en general . También lo podeis hacer a través de facebook, buscándome como Itsaso Larrauri, simplemente un "me gusta" me daría pistas de cuántas habeis sido las lesctoras de estos 17 capítulos. Como pista os digo que mi imagen de portada es esta:
 Itsaso Larrauri
 Un abrazo y hasta siempre.

miércoles, 29 de abril de 2015

UNA VIDA POR DELANTE - CAPITULO 16



UNA VIDA POR DELANTE
16
Cuando Paul tocó la puerta y Mikel se lo encontró en el umbral al principio no lo reconoció, estaba elegantísimo con un traje muy caro que le quedaba como un guante.
-          Cuando me dijiste que tenías un traje pensé en algo menos espectacular – le dijo Mikel mirándolo de arriba abajo.
-          Mis padres piensan que todo hombre tiene que tener un traje en el armario por lo que pueda pasar y me regalaron este hecho a media cuando me gradué, en el momento me pareció absurdo pero acepté con tal de que me dejaran en paz, pero mira, ahora mismo no me queda más remedio que darles la razón – dijo Paul pasándose la mano derecha por el hombre izquierdo para quitarse una mota de polvo.

Cuando los padre de Paul vinieron de visita hacía un mes y les contó su nuevo proyecto su padre al principio se quedó un poco decepcionado, siempre había pensado que cogería las riendas de su empresa. Pero después pensó en lo enriquecedor que era que empezara su propio negocio, no había mejor escuela de negocios que un negocio propio.
-          Entre lo de la semana pasada y esto, voy a empezar a pensar que estás cambiando de estilo – bromeó Mikel.
-          ¿Cambiar? Perdona, por muchos trajes que me ponga el estilo skater se lleva por dentro y eso no lo va a cambiar nadie.
Los dos empezaron a reír a carcajadas. Habían pasado un par de días un poco malos, pero tal y como les había aconsejado Enara habían decidido seguir adelante con el proyecto, era su oportunidad y no lo podían dejar escapar, era lo que Christophe hubiera querido. Mikel llevaba un informe detallado del proyecto, con todas las ventajas y los riesgos que tenía, se había aprendido el discurso de memoria, esperaban de verdad que el banco les diera ese pequeño préstamo que necesitaban.
Se dirigían a la furgoneta y justo antes de montar salió Enara por la puerta.
-          ¡Esperar! – llevaba la cámara de fotos en la mano – quiero inmortalizar este momento.
Los dos se pusieron frente a la casa, sonrientes y trajeados, parecían dos emprendedores de éxito.
-          Estáis guapísimos, yo os daría todo lo que me pidierais – dijo Enara sonriente.
-          A ver si es verdad – dijo Mikel antes de besar a Enara en la mejilla y montarse en la furgoneta.
Llegaron un poco pronto al banco, se sentaron a en la sala de espera. Habían elegido ese banco porque sabían que tenían un interés especial en ayudar a jóvenes emprendedores con buenas ideas y estaban esperanzados. Una señorita les ofreció un café, ellos dijeron que no, para cinco minutos que iba a estar en la sala de espera no les pareció apropiado. Después, cuando ya llevaban cincuenta minutos sentados se dieron cuenta de la razón de ese ofrecimiento, ella sabía perfectamente que iba para largo.
Por fin un señor asomó la cabeza por una puerta y dijo:
-          Messieurs Aperribay et Greiff?
-          Oui – dijeron al mismo tiempo y se apresuraron a levantarse para ir hacia la puerta.
El despacho era muy pequeño, no parecía que ese hombre fuera un alto cargo del banco para nada. Tendría unos cincuenta años, llevaba un traje mal planchado y su aspecto era muy desaliñado, nada que ver con la de ellos dos.

-          Mi nombre es Estefan Lang – les dijo ofreciéndoles la mano de pie.
-          Encantado -  dijo Mikel dándole la mano
-          Encantado – dijo Paul haciendo lo mismo.
-          Siéntense, ustedes me dirán – dijo señalando las dos sillas que estaban frente a su mesa antes de dentarse en su sitio.
Mikel le explicó con pelos y señales todo lo referente al proyecto, para ello utilizó gráficos, datos, situación en el mercado de empresas similares. También le enseño la nueva patente y el interés que había demostrado un posible cliente.
Como aval Mikel ofreció su piso en Durango y Paul un piso que sus padre habían comprado a su nombre en Birmingham.
Paul le contó que el dinero lo necesitaban para alquilar un pequeño taller donde trabajar y guardar el material, aparte de por supuesto comprar el material necesario para poder empezar a montar.
El señor Lang los observaba atentamente sin decir ni una palabra, no los interrumpía en ningún momento y tampoco hacía ninguna pregunta. En menos de una hora ya habían terminado  su exposición.
-          Y eso es todo señor Lang, ¿tiene alguna pregunta? – le dijo Mikel.
-          No, gracias – dijo con una media sonrisa.
Mikel había temido las preguntas que podría hacerles, tenía miedo de no saber responderlas bien en francés, pero ahora que se había quedado callado deseaba escúchalo preguntar más que nada en el mundo.
-          Aquí le dejamos todos los informes, escrituras, presupuestos y demás impresos por si quisiera volver a revisarlos – dijo Paul guardando todo en la carpeta.
-          Estupendo entonces – se puso de pie – encantado de conocerles señores.
-          Igualmente – dijo Paul poniéndose de pie mirando a Mikel que no se levantaba.
Mikel estaba decepcionado, no entendía la falta de interés de ese hombre, estaba claro que no tenía ninguna intención de darles el préstamo, se sentía impotente, se aferraba desesperadamente a esa silla.
-          ¿Tiene algo más que añadir señor Aperribay? – dijo el señor Lang.
-          ¿Cree que tenemos alguna posibilidad?  - Mikel por fin se puso de pie mientras decía estas palabras.
-          Tenemos que analizar estos informes detalladamente señor Aperribay, les daremos una respuesta antes de un mes.
Les volvió a dar la mano para despedirse y en cuanto pasaron el umbral la puerta se cerró casi en sus narices. Se dirigieron a la salida intentando mantener la compostura, pero una vez en la furgoneta Mikel explotó como era habitual en él:
-          ¿Te puedes creer? – dijo indignado – ¡no ha demostrado ni un mínimo interés!
-          Yo creo que ha escuchado toda nuestra propuesta atentamente – dijo Paul intentando ver la botella medio llena como siempre.
-          No lo sé, pensaba que nos haría preguntas, que intentaría saber cosas – Mikel estaba decepcionado.
Mikel arrancó la furgoneta con mucha rabia.
-          Bueno, ahora nos toca esperar.
-          Y además eso, un mes ni más ni menos. El señor Gerena está esperando una respuesta esta semana y todavía no sabemos si podremos hacer el trabajo. Lo mejor será hacerle un presupuesto sin decirle que todavía no tenemos el préstamo, es un poco arriesgado pero no nos queda otra.
-          Es emocionante – dijo Paul sonriente.
-          ¿Sí verdad?, echaba de menos la adrenalina de los negocios, como comercial no me ganaba nadie – dijo Mikel enseñando una pequeña sonrisa por fin.
Mientras tanto Enara había ido al supermercado en bici a comprar algunas cosillas antes de ir al restaurante, estaba pletórica, se sentía feliz y llena de energía. Hacía un sol radiante y notaba como los primeros rayos de la primavera calentaban sus huesos. La bici era un medio de transporte que le ofrecía un montón de sensaciones y como hacía ya meses que había decidido empaparse de cada sensación que le diera la vida, estaba disfrutando como una niña. Por un lado estaban las vistas de los jardines que había por el camino, llegaba la primavera y muchas de las casas empezaban a engalanarse con las flores que habían estado dormitando durante el invierno. Después estaba el olfato, ese olor a pino mezclado con mar, intentaba llenar sus pulmones al máximo para que no se le escapara ningún matiz. Y por última el tacto, el contacto con el aire que chocaba con su piel haciendo resistencia, le encantaban las cuestas abajo o cualquier bache que la hiciera rebotar, era como volver a tener ocho años.

Cuando llegó a la Boulangerie de Saubion Anaïs estaba liadísima como siempre, esta vez ordenando la preciosa vitrina. Escuchó que alguien había entrado y levantó la mirada, en cuanto vio a Enara una gran sonrisa apareció en su rostro:
-          Bonjour Enará, hoy estás especialmente bella, aunque no me extraña, Helena ha venido a por el pan para el restaurante y me ha contado las buenas noticias.
-          Gracias Anaïs – se ruborizó Enara – la verdad es que hace un día precioso. Las flores en los jardines ya están saliendo, aquí fuera por ejemplo tienes unas rosas preciosas.
Sabía que Anaïs quería indagar en su reconciliación con Mikel, pero a ella no le apetecía mucho hablar de ese tema y prefirió hablar de flores.
-          Todavía es pronto, ahora es el momento de hacer planes en los jardines. Yo todos los finales de marzo miro mi jardín, analizo la humedad del suelo y cómo han quedado las flores después del invierno, eso me suele dar pistas antes de ir a la gran tienda de flores de Angresse – dijo Anaïs mientras colocaba unas tartaletas con fresas que tenían una pitan de muerte.
-          Anaïs, eso es justo lo que necesito, ¿me podrías enseñar? – le dijo Enara poniendo cara de cordero degollado.
Anaïs la miró seria, por un momento Enara pensó que se lo habría tomado mal, esa mujer siempre estaba en la panadería y probablemente tendría muy poco tiempo libre como para dedicárselo al jardín de otra persona.
-          ¡Por supuesto! - pegó un grito agudo que a Enara la pilló desprevenida – encantada de poder meter mano en otro jardín. ¿Qué te parece si después sobre las siete paso por vuestra casa?
-          Muy bien ¡muchísimas gracias!, sé que a mi tía le encantará saber que lo hemos hecho entre las dos.
Justo cuando Enara estaba diciendo estas palabras entró una señora a la tienda. Anaïs se puso más seria y le dijo a Enara:
-          ¿Qué desea señorita? – después le guiñó un ojo.
-          Una baguete y una tartaleta de fresas por favor – dijo Enara siguiéndole el juego.
Los días fueron pasando, y a lo tonto ya estaban a fines de abril, en una semana se cumplía el plazo para que el banco les diera una respuesta pero seguían sin saber nada. Mikel y Paul se habían centrado en la fachada y a falta de algunos retoques ya casi lo habían terminado. Mikel observaba orgulloso la casa, estaba sacando fotos para enviárselas a la tía Luisa que no paraba de alabar el trabajo que estaba haciendo. Prometió ir a ver la casa a primeros de junio cuando ya estuviera terminada del todo, le gustaba esa época del año y quedó con los padres de Enara en ir todos juntos un fin de semana.
Para su tranquilidad el señor Genera todavía nos les había confirmado el presupuesto que le habían enviado, así que aunque todo estaba parado, por lo menos no habían tenido que atrasar el trabajo por falta de materiales. Paul y Mikel estaban tranquilos pero expectantes, su futuro dependía de ese hombre del banco del que no habían tenido ninguna noticia en tres semanas.
-          Mira Mikel, ¿te gusta cómo ha quedado la azalea aquí? – le dijo Enara desde abajo, Mikel estaba subido al andamio.

-          No lo veo bien desde aquí Enara, pero ese color morado es precioso.
-          Es una pena, porque me ha dicho Anaïs que es una flor que florece solo en primavera, después ya solo se quedará con la hoja verde, aunque así también seguro que queda bonita – Enara hablaba a Mikel pero este hacía tiempo que no le escuchaba, casi no la oía desde allí arriba.
El jardín estaba quedando precioso. La tía Luisa le dio dinero a Enara para que comprara todas las flores que quisiera, quería que ese jardín reviviera como fuera y con la ayuda de Anaïs lo estaba consiguiendo. A la entrada de la casa, dieron vida a las hortensias que estaban plantadas junto a la valla blanca y un poco abandonadas, al igual que a los rosales que había a los lados de la casa.  En la parte de atrás en frente de la terraza plantaron diferentes tipo de flores como azaleas, rosales o Lavanda. Enara intentaba recrear el jardín que recordaba de niña mientras Anaïs la aconsejaba sobre las flores que mejor crecían en ese terreno arenoso de Las Landas.
Pero no solo el jardín tenía flores, en el nuevo balcón que había construido Mikel pusieron dos macetas grandes en las que plantaron unos geranios preciosos de color rojo, según Anaïs para verano habrían crecido estarían preciosos colgando en el balcón.

Aquel domingo tranquilo parecía que sería un domingo más, pero justo en aquel momento, cuando más tranquilos estaban aparecieron Helena y Robert en la terraza.
-          ¡Hola! – dijo Helena entrando a todo correr – estaba la puerta abierta y hemos entrado.
-          ¡Hola Helena, hola Robert! – les dijo Enara acercándose para dar un beso en la mejilla a cada uno.
-          Tengo una gran noticia que darte, pero creo que es mejor que Mikel baje para que lo escuche él también.
Enara la miraba a los ojos buscando una pista sobre la noticia que traía, después de lo de Christophe se esperaba cualquier cosa.
-          No me asustes, es algo bueno o algo malo – dijo Enara preocupada.
-          Siempre hay que pensar en positivo Enara, te lo he dicho mil veces, por supuesto que es bueno – miró para arriba y gritó - ¡Mikel, Paul, bajar corriendo!
-          ¡Hola! – dijeron los dos al mismo tiempo cuando bajaron del andamio.
Le dieron la mano a Robert y un beso a Helena, pero ésta estaba deseando empezar su discurso y no les hizo mucho caso.
-          Enara, ¿recuerdas cómo le sacamos todas esas fotos a tu quilt aquella mañana? – dijo Helena sin poder esperar más.
-          Sí, para tus amigas de la asociación, por cierto, que no me has dicho qué les pareció – se acordó de repente Enara.
-          Les encantó, pero eso no tiene importancia ahora. La cuestión es que te mentí…
Enara no dejó que terminada la frase.
-          ¿Me mentiste?
-          Eso no es importante ahora – dijo Helena poniendo los ojos en blanco – la cuestión es que las fotos las saqué para apuntarte al concurso de quilts de La Feria de patchwork de San Juan de Luz. No te lo dije para que no te pusieran nerviosa, por si no eras seleccionada, que siendo novata como eres hubiera sido lo más normal, pero ¡has sido seleccionada!

La cara de Enara, Mikel y sobre todo la de Paul que no entendía una palabra de castellano eran un interrogante.
-          ¿Pero, eso qué quiere decir? – dijo Enara sin poder alegrarse todavía de algo que no sabía lo que era.
Helena les explicó que aquella feria se celebraba cada dos años en San Juan de Luz y que lo organizada la asociación “Quilt en Sud”, la asociación más importante de Patchwork del sur atlántico francés. Cada año organizaban un concurso de quilts, desde la asociación se planteaba un  tema y los diseñadores tenían que crear algo relacionado. Cuando Helena vio que el tema de este año era la “Primavera” no pudo evitar acordarse del quilt de Enara y decidió presentarlo sin que ella supiera nada.
-          Nunca pensé que te seleccionarían, el simple hecho de ser seleccionada es todo un triunfo Enara. Eso quiere decir que tu quilt estará expuesto en la feria junto con los trabajos de grandes diseñadores, a parte que te dará la oportunidad de hacer contactos y definirte como diseñadora – Helena por fin respiró y tomó aire.
-          Enara, ¡eso es increíble! – le dijo Mikel abrazándola – Ya sabía yo que eras una artista.
Enara se sentó en una se las sillas de la terraza, estaba en estado de shock.
-          ¿Y cuándo es la feria? – solo acertó a decir.
-          Es la primera semana de junio, dentro de poco más de un mes. ¿Imaginas que ganaras? Yo ya me espero cualquier cosa de ti Enara. Mi niña, a la que enseñé el punto escondido hace solo nueve meses, de verdad que vas a llegar donde quieras Enara – Helena estaba emocionadísima.
-          Gracias Helena, gracias gracias gracias, no sé cómo agradecerte todo lo que hacer por mí, eres más que una amiga, eres mi ángel de la guarda – Enara se levantó para abrazarla, la lágrimas caían por las mejillas.
-          ¡Esto hay que celebrarlo! Voy a por algo de beber y nos cuentas todos los detalles- dijo Mikel.
Pasaron toda la tarde noche hablando del tema, lo emocionante que sería por lo menos ganar un premio menor. Enara había investigado por internet, cada año se daban como cinco premios de diferentes categorías, pero lo más difícil era ser seleccionado, porque requería un mínimo de calidad y ella lo había conseguido de la noche a la mañana.
Aquella noche a Enara le costó dormirse por la emoción, estaba sorprendida con ella misma, por todo lo que había conseguido en el último año. Miró a Mikel que estaba dormido a su lado, si él consiguiera su proyecto sería todo perfecto, ojala lo pudiera hacer.
A la mañana siguiente se despertaron pronto, Mikel y Paul tenían que terminar de desmontar el andamio porque venían a recogerlo a las diez de la mañana y con la alegría del día anterior no lo habían terminado. Paul llegó con los ojos llenos de legañas, se notaba que le había costado levantarse de la cama, le estaba costando acostumbrarse a eso de ser un adulto responsable, Mikel le estaba llevando por el mal camino.
Mikel lo estaba esperando ya en el jardín, llevaba solo un chándal y una camiseta pero Paul siempre se sorprendía de cómo conseguía parecer elegante y estiloso hasta el chándal. Estaba colocando los tubos en un montón poco a poco.
-          No me vas a ofrecer ni un café antes de ponernos con esto, no son ni las ocho – dijo Paul perezoso.
-          Tienes aquí la jarra para servirte, te lo puedes tomar de pie – le dijo Mikel señalando la mesa de la terraza donde había café y unos cuantos bollos.
-          Umm… parece que el día ya va teniendo mejor pinta – a Paul le encantaba los bollos de leche y Enara siempre se acordaba de él cuando hacía la compra.
Estaban terminando el trabajo cuando sonó el teléfono de Mikel, vio que era el señor Gerena, respiró hondo y descolgó el teléfono. Resulta que habían decidido aceptar su propuesta y querían que empezaran ya esa misma semana para poder tener los toldos listos antes de los meses de julio y agosto. Mikel por supuesto le dijo que no había ningún problema, lo dijo con tanta seguridad que casi se lo estaba creyendo él aun siendo una gran mentira.
Decidieron ir directamente al banco a preguntar, a meter un poco de presión para ver si les podían dar una respuesta cuanto antes. En cuanto se llevaron el andamio cogieron la furgoneta y se presentaron allí sin cita previa, tal cual estaban vestidos, con ropa de trabajo.
La señorita del otro día se quedó un poco sorprendida al verles entrar con ese aspecto y les dijo que era imposible ver al señor Lang, que tenía toda la mañana ocupada, que tendrían que venir en otro momento. Mikel y Paul se negaron a marcharse, decidieron esperar y pedirle un minuto de su tiempo, y justo cuando la señorita iba a llamar a seguridad para que se los llevaran se abrió la puerta del despacho.
-          Señor Lang por favor, ¿podemos hablar con usted? – le suplicó Mikel.
-          Solo serán cinco minutos – añadió Paul.
El señor Lang se les quedó mirando extrañado, como si nunca los hubiera visto.
-          Ya les he dicho que es imposible señor, justo ahora iba a llamar a seguridad – se apresuró a decir aquella señorita tan pesada.
-          No tranquila, tengo cinco minutos, pero ¿quiénes son ustedes?- les preguntó.
-          Somos Mikel Aperribay y Paul Greiff señor, estuvimos hace casi un mes para pedir un préstamos para un proyecto empresarial. Sabemos que todavía están en plazo para contestarnos pero nuestro cliente nos acaba de confirmar el pedido y necesitamos comprar material para empezar con el proyecto – dijo de golpe Paul.
Mikel se quedó gratamente sorprendido de lo bien que había hablado Paul, lástima que llevara esos pantalones tan anchos ahora mismo, le hacían parecer de todo menos empresario.
-          Sí, los recuerdo, justo ayer analizamos su caso en la reunión semanal para darles una respuesta. ¿De dónde vienen, su aspecto no es el del otro día?
-          Si, lo sentimos mucho señor Lang, acabamos de estar recogiendo un andamio de la casa donde surgió el tema del toldo y justo nos ha llamado el cliente, hemos venido tal cual estábamos.
-          Ya veo, ¿pueden esperar unos minutos? Tengo que consultar una cosa.
El señor Lang entró en otro despacho y ellos se quedaron esperando expectantes, no sabían a que venía todo eso. Al de diez minutos salió, pidió disculpas a su siguiente cita y les dijo que pasaran a su despacho.
-          Tengo que decirles señores que les iba a llamar este mediodía para decirles que no les podíamos dar el prestamos, pero hemos cambiado de opinión, tienen el dinero al interés más bajo a partir de ahora mismo – sus ojos tenían otra expresión, la mirada indiferente de la vez anterior había desaparecido y de pronto parecía amable y dispuesto a ayudarles.
-          Muchísimas gracias señor Lang, no se arrepentirán – dijo Paul decidido.
-          Muchas gracias sí, opino lo mismo que Paul, no se van a arrepentir. Pero, permítame que le pregunte si no es indiscreción ¿Qué le ha hecho cambiar de opinión? – dijo Mikel esperando no meter la pata.
El señor Lang les explicó que la vez anterior no les había dado mucha confianza. Dos chicos de buena familia, con estudios superiores, cada uno con un piso, no parecían el perfil de persona que necesitara un préstamo o que por lo menos se preocupara por pagarlo. Pero cuando los vio con ropa de trabajo, sudados y preocupados por dar el servicio al cliente pudo ver cómo eran realmente, pudo ver a dos personas trabajadoras que le estaban demostrando que se esforzarían cada día. Decidió volver a hablar con el director y convencerle para que les dieran el préstamo.
Mikel se sintió orgulloso de escuchar aquellas palabras, le recordó a su padre y no pudo evitar pensar en él.
En cuanto llegaron a casa empezaron a llamar a todos los proveedores con los que habían contactado, Christophe les había dejado casi todo el trabajo hecho, ellos simplemente les habían llamado para pedir presupuestos y ahora solo faltaba hacer el pedido urgentemente.
-          Tendremos que pensar un nombre para nuestra empresa Mikel, más que nada para darnos de alta en los registros – dijo Paul mientras rellenaba todo el papeleo.
-          ¿Qué te parece “Tauds Mobiles” o Toldos Móviles? – dijo Mikel
-          Suena bien, ¡me gusta!